Por: Miguel Toscano p.
“(…) Aquellos que desaparecieron su cadáver para evitar que fuera símbolo; aquellos que, (…), no quisieron que quedara una sola huella, se encuentran con que, aunque no haya tumba conocida, aunque no haya restos, aunque no haya cadáver, existe, (…) un símbolo, una fuerza, una presencia que no podrán ver jamás destruida. Ellos demostraron su debilidad y su cobardía cuando desaparecieron al Che, porque demostraron también su miedo al ejemplo y al símbolo. No quisieron que los campesinos explotados, los obreros, los estudiantes, los intelectuales, los demócratas, los progresistas, los patriotas de este hemisferio tuvieran un lugar donde ir a rendir tributo al Che. Y hoy, en el mundo de hoy, en que no se les rinde tributo a los restos del Che en un lugar específico, se les rinde tributo en todas partes (…) Como decía Martí: ¡Si hay hombres sin decoro, hay hombres que llevan en sí el decoro de muchos hombres! Podríamos añadir: hay hombres que llevan en sí el decoro del mundo, ¡y ese hombre es el Che! (…)”[1], con estas palabras en el aniversario 20 de la muerte del Che, Fidel Castro se dirigía a pueblo en Pinar del Rio.
José Saramago en su escrito publicado en 1997 Breve Meditación Sobre un Retrato de Che Guevara, concluye “(…) Che Guevara, si tal se puede decir, ya existía antes de haber nacido, Che Guevara, si tal se puede afirmar, continuó existiendo después de haber muerto. Porque Che Guevara es solo el otro nombre de lo que hay de más justo y digno en el espíritu humano. Lo que tantas veces vive adormecido dentro de nosotros. Lo que debemos despertar para conocer y conocernos, para agregar el paso humilde de cada uno al camino de todos (…)”[2].
Sin embargo, de las palabras cargadas de retórica entendida esta, bajo la acepción del arte del bien decir, de dar al lenguaje escrito o hablado eficacia bastante para deleitar,
persuadir o conmover y también líneas con sentimiento pleno que nace del corazón y la conciencia, decía no es el asunto que ha sido encargado a este humilde A:. quien inicia su balbuceo en los caminos de la masonería.
Del Che aun se seguirá derramando tinta porque bien se lo merece, es Ernesto Guevara de la Serna el ser humano al que pocos conocen y algunos y también los muchos tampoco les interesa conocer.
Ernesto quien nació en Rosario (Argentina), el 14 de junio de 1928 fue el mayor de los cinco hijos.
“(…) Quiéreme, apasionadamente, pero comprensivamente, mi camino está trazado, nada me detendrá sino la muerte. No sientas lástima de ti; embiste la vida y véncela, y algunos tramos del camino los haremos juntos. Lo que llevo por dentro no es ninguna despreocupada sed de aventuras y lo que conlleva, yo lo sé; tú debías adivinarlo […]. Educa a los niños. No los malcríes, no los mimes demasiado, sobre todo a Camilo. No pienses en abandonarlos porque no es justo. Son parte nuestra. Te abraza con un abrazo largo y dulce. Tu, Tatu[3] (…)”[4] es el esposo enamorado que envía una misiva a su compañera Aleida con quien se casó el 2 de junio, en La Cabaña. De aquella unión nacieron Aleidita (1960), Camilo (1962), Celia (1963) y Ernesto (1965).
Amor: ha llegado el momento de enviarte un adiós que sabe a campo santo (…) tengo tantas cosas íntimas para tu oído que ya la palabra se hace carcelero, cuanto más esos algoritmos esquivos que se solazan en quebrar mi onda. No sirvo para el noble oficio de poeta. No es que no tenga cosas dulces. Si supieras las que hay arremolinadas en mi interior. ¡Pero es tan largo, ensortijado y estrecho el caracol que las contiene, que salen cansadas del viaje, malhumoradas, esquivas, y las más dulces son tan frágiles! Quedan trizadas en el trayecto, vibraciones dispersas, nada más […] Así te quiero, con recuerdo de café amargo en cada mañana sin nombre y con el sabor a carne limpia del hoyuelo de tu rodilla, un tabaco de ceniza equilibrista, y un refunfuño incoherente defendiendo la impoluta almohada…Así te quiero; mirando los niños como una escalera sin historia (allí te sufro porque no me pertenecen sus avatares), con una punzada de honda en los costados, un quehacer apostrofando al ocio desde el caracol…No me llames, no te oiría; solo puedo rumiarte en los días de sol, bajo la renovada caricia de las balas […] Lanzaré una mirada en espiral, como la postrera vuelta del perro al descansar, y los tocaré con la vista, uno a uno y todos juntos. Si sientes algún día la violencia impositiva de una mirada, no te vuelvas, no rompas el conjuro, continúa colando mi café y déjame vivirte para siempre en el perenne instante(…)”
Aleyda escribe con evocación de mujer enamorada de Ernesto en Praga “(…) Por las noches, para entretenernos, jugábamos canasta en sesiones no muy afortunadas para mí, pues no era muy ducha en ese juego, y era el Che quien me ayudaba a ganar. Tengo que decir que siempre fue así; cada vez que me encontraba en aprietos salía en mi auxilio(…)”
Ernesto Guevara Lynch el papá, escribe “(…)En un periódico de La Habana se publicó una entrevista al entonces comandante Ernesto Che Guevara. El periodista, entre otras preguntas, le hizo la siguiente: ¿Cuál fue, comandante, el momento más emocionante de su vida de guerrillero? Ernesto contestó sin vacilar: Cuando oí la voz de mi padre en el teléfono, que hablaba desde Buenos Aires. Hacía seis años que yo estaba ausente de mi país(…)” aquí esté reflejado el hijo que anhela escuchar a su padre.
En una entrevista el último de los hijos, Ernesto Guevara March expresa Mi padre es el futuro en camino[5] “(…) De ahí que ¡tengo el honor de ser el hijo del Che con una madre así! Los unió un amor grande que se ve en sus cartas, señales de una relación afectiva bella. ¡Me encanta el modo en que se conocieron, se enamoraron y se amaron! Y aprovecho para que se vea la gran sensibilidad de aquel hombre estricto y exigente, lleno de ternura (…)”, expresiones de un hijo que admira a figura de su padre con respeto hasta cierta reverencia por el orgullo de tener un papá que le entregó ejemplo.
Las enseñanzas del formador se hacen ciertas ya que vivió, sintió, hizo carne lo que predicó el hombre nuevo “(…) consientes de avanzar con todos hacia el hombre nuevo que se vislumbre en el horizonte (…) Nosotros, socialistas, somos mas libres porque somos más plenos; somo más plenos por ser más libres (…)”.
Ernesto está más allá del ícono o símbolo que a veces tanto necesitamos:
Su mirada era cierta y cargada de preguntas estaba en la tarima con los otros ministros y en medio del discurso de Fidel, adusto y serio el 5 de marzo de 1960 en el entierro de las víctimas del sabotaje al vapor francés La Coubre en el puerto de La Habana captada por Alberto Díaz «Korda».
Cuando uno observa se detiene a mirar la fotografía entreteje que es un hombre observando, cuestionándose el momento, interrogando en su interior las consecuencias de la contradicción elevada al odio y el fanatismo pueda interferir en la marcha de un acontecimiento histórico.
El ícono materializa un conjunto de lenguajes simbólicos y metalenguajes de acuerdo a la forma experiencial y simbólica de cada individuo, lo reviste de un discurso y de paradigmas, los cuales deben ser decodificados para hallar la certidumbre del mensaje que queremos evocar. Al mismo tiempo desmaterializa la esencia del ser intrínseco y cotidiano de quien está atrás de la figura simbólica y puede elevar a la categoría de un mito de lo inalcanzable de lo divino, una extraterrenalidad absurda que hace imposible seguir su ejemplo.
Esta es una tarea actual desmitificar al Che como el ser humano con vigencia en cada principio que enarbolamos de libertad, igualdad y fraternidad, así como nuestro accionar constante para desbastar la piedra bruta en la construcción real del templo en nosotros mismos.
Tambien esta el otro momento la derrota esa forma aciaga de saberse atado sintiendo todo el peso del rigor de muerte cercana tambien da una dosis eterna de humildad ya que corre por las venas la interrogante del deber cumplido y el deleite de los captores por solarzarse de controlar la vida del otro.
Con la seguridad de sus convicciones pudo mirar a su ejecutor -un sargento un elemento de la tropa del Ejército boliviano quien debía cumplir la orden de Saludar a papá que era la clave dada desde el alto mando para asesinarlo- y decirle «Póngase sereno, usted va a matar a un hombre», el sargento quien vivió escondido mucho tiempo relata:
“Cuando llegué, el Che estaba sentado en un banco. Al verme me dijo: «Usted ha venido a matarme». Yo me sentí cohibido y bajé la cabeza sin responder. Yo no me atrevía a disparar. En ese momento vi al Che grande, muy grande. Sentía que se me echaba encima y cuando me miró fijamente me dio un mareo. Pensé que con un movimiento rápido podía quitarme el arma. «¡Póngase sereno —me dijo— y apunte bien! ¡Va a matar a un hombre!». Entonces di un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerré los ojos y disparé…había muerto el hombre, el padre, el esposo, el hermano, el compañero….nacía la leyenda, el mito para ser el Che de esos muertos que nunca mueren porque quedan en la memoria y el recuerdo…Ellos no sabían porque lo mataban pero el si sabia porque moria…
Adys Cupull, una investigadora cubana que desde la década del 80 comenzó a visitar a Bolivia para recabar mayores datos sobre el paso del argentino-cubano por ese país, tiene la misma percepción.
Ella señala que en la mayoría de las conversaciones que tuvo con militares bolivianos que intervinieron en los combates de 1967 recibió la versión de que el cuerpo del Che fue quemado y esparcido.
En cambio, asegura que los vallegrandinos sabían que Guevara y los otros guerrilleros habían sido enterrados y que seguían allí.
«Esa es la importancia de gente humilde que por 30 años guardó ese secreto y cuidó el lugar donde estaban enterrados».
En una parte del libro “La montaña es más que una inmensa estepa verde” de Omar Cabezas obra ganadora del premio Casa de las Américas existe un relato conmovedor y que reta cada día para quienes estamos empeñados en aprender y perfeccionarnos como hombres libres y de buenas costumbres:
Habían estado cargando un saco que pesaba mucho cuando al instructor en la selva le reclaman: ¿Dónde está el hombre nuevo? Ahí está el hombre nuevo. Entonces, si están cansados, si están rendidos, olvídense de eso, suban el cerro y cuando lleguen allí ustedes van a tener un pedacito del hombre nuevo. El hombre nuevo lo vamos a comenzar a formar aquí. Aquí se empieza a formar el hombre nuevo, porque el Frente tiene que ser una organización de hombres nuevos que cuando triunfen puedan generar una sociedad de hombres nuevos… Así que si no son teorías y en realidad quieren ser hombres nuevos, alcáncenlo…» y nos quedamos viendo toditos… Nos quedamos viendo…ése es el hombre nuevo. (…) que para ser el hombre nuevo nosotros tenemos que pasar un montón de penalidades, para matar al hombre viejo y que vaya naciendo el hombre nuevo. Entonces yo sólo me acordé del Che, del hombre nuevo del Che, y hasta entonces comprendí la magnitud de lo que el Che quería decir cuando hablaba del hombre nuevo: el hombre que da más a los hombres que lo que el hombre normal puede dar a los hombres, pero a costa de sacrificios, a costa de la destrucción de sus taras, de sus vicios; nos quedamos viendo, convencidos de que Tello tenía razón (…)”
Cada día construyendo el templo en nosotros mismos siendo trabajando por ser mejores cada día sin perder la ternura y la alegría a pesar de las rigurosidades del tiempo, sabiendo y sintiendo las lágrimas nuestras como de los otros, convencidos que fuimos propuestos por la esperanza verdadera que nos hacemos en comunidad y en fraternidad, amando queriendo al hermano como al que sufre y tiene necesidad, sabemos que existen proyectos de negación de las virtudes y de las utopías por cuanto, siente que el capital y los devaneos del mercado pueden ser mas fuertes, en contra de solidaridad y de la libre determinación y soberanía de los pueblos.
Para ello, creo y con respeto fuimos escogidos para aprender y aprehender del otro/otra con la mente clara, la conciencia abierta y el corazón dispuesto para estar convencidos “que mientras haya que hacer nada hemos hecho2
[1] Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en el acto central por el XX aniversario de la caída en combate del Comandante Ernesto Che Guevara, efectuado en la ciudad de Pinar del Río el día 8 de octubre de 1987.
[2] Casa de las Américas No. 206, enero-marzo de 1997, pp. 67-68.
[3] Con ese seudónimo que significa «el tres», siguiendo la numeración en swahili y que siempre empleó durante el tiempo que permaneció en África, nos mantuvimos en contacto, relata Aleida March
[4] Casa de las Américas, no. 249, octubre-diciembre de 2007, pp. 73-84. Incluido en la sección «Che siempre», son fragmentos del libro Evocación, de Aleida March, editado ese año por la Casa de las Américas.
[5] Hernández Serrano, Luis. serrano@juventudrebelde.cu publicado 13 de junio 2018

