Líderes cristianos se unen en un llamamiento por el «don de la paz».

Declaración conjunta de los líderes de las iglesias Anglicana, Luterana, Metodista y Reformada

(LWI) – Los líderes de cuatro tradiciones cristianas mundiales se muestran «profundamente consternados» por el fracaso de la comunidad internacional a la hora de prevenir guerras, incluida la escalada del conflicto en Irán y Oriente Medio.

En una declaración conjunta, la secretaria general de la Federación Luterana Mundial (FLM), la reverenda Dra. Anne Burghardt, se une a los líderes de la Comunión Anglicana, el Consejo Metodista Mundial y la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas para hacer un llamamiento a la paz y reafirmar su compromiso con el multilateralismo, el diálogo y la diplomacia.

«Reafirmamos nuestro firme compromiso con la paz, en un mundo que acumula cada vez más armas y acepta los conflictos destructivos como algo inevitable», reza la declaración. Y continúa: «Imaginamos un mundo en el que se valore y se cultive activamente la paz, basado en nuestros valores compartidos de dignidad y valor de cada persona y la igualdad de derechos de todas las personas y naciones, con justicia y respeto por el derecho internacional».

Los líderes de la iglesia advierten que «el mundo se acerca a un peligroso punto de inflexión», un momento en el que «la violencia se convierte en la norma y se tolera la muerte y el sufrimiento de los pueblos y las comunidades.

Comprometiéndose a sí mismos y a sus comunidades a ser «defensores incansables de la paz», los líderes religiosos piden un mayor apoyo a la ayuda humanitaria, la protección de las comunidades afectadas y el fortalecimiento de la construcción de la paz desde la base.

Lea la declaración completa aquí:

Un llamado a renovar los esfuerzos por lograr el «don de la paz» para todos

Declaración de la Comunión Anglicana, la Federación Luterana Mundial, la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas y el Consejo Metodista Mundial.

Contexto: A raíz de la escalada del conflicto en Oriente Medio y la guerra en curso que afecta a lugares como Ucrania, Sudán, Gaza y Myanmar, cuatro tradiciones cristianas mundiales han emitido la siguiente declaración.


Como comuniones cristianas mundiales, la Comunión Anglicana, la Federación Luterana Mundial, la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas y el Consejo Metodista Mundial, en representación de cientos de millones de cristianos de todo el mundo, se unen en profundo dolor y con una determinación inquebrantable. Estamos siendo testigos del devastador impacto de la violencia y la guerra en innumerables personas y comunidades de todo el mundo. En respuesta a ello, a través de nuestra labor continua y los ministerios de nuestras iglesias y socios sobre el terreno, estamos llevando a cabo acciones concretas de solidaridad, ayuda humanitaria y consolidación de la paz.

La reciente escalada del conflicto y la intensificación de la guerra en Irán y Oriente Medio se suman a la angustiosa lista de conflictos violentos y guerras en curso, entre los que se incluyen los de Ucrania, Sudán, Gaza y Myanmar.

Estamos profundamente consternados por el fracaso de la comunidad internacional a la hora de prevenir estas tragedias. En lugar de seguir los difíciles pero necesarios caminos de la diplomacia y el diálogo, las naciones han recurrido cada vez más a soluciones militares, invirtiendo enormes cantidades de recursos en armas en lugar de destinarlos a procesos de paz y asistencia humanitaria para los más vulnerables.

La justicia exige que los autores de actos violentos y las personas y países responsables de atrocidades y violaciones del derecho internacional rindan cuentas por sus actos. Se debe escuchar a las víctimas de sus actos y proteger su dignidad, sus derechos, sus vidas y sus medios de subsistencia.

En el contexto mundial actual, «la paz ya no se busca como un regalo y un bien deseable en sí mismo… En cambio, la paz se busca a través de las armas como condición para afirmar el propio dominio». Nos hacemos eco aquí de las palabras del papa León cuando se dirigió al cuerpo diplomático del Vaticano a principios de este año. Si la base de la paz es el interés propio, esto amenaza gravemente el estado de derecho, la convivencia civil y la capacidad de los Estados para unirse.

Mientras las viejas guerras continúan sin cesar, surgen otras nuevas. El mundo se acerca a un peligroso punto de inflexión, un momento en el que la violencia se convierte en la norma y se tolera la muerte y el sufrimiento de personas y comunidades.

Reafirmamos nuestro firme compromiso con la paz, en un mundo que acumula cada vez más armas y acepta los conflictos destructivos como algo inevitable. Imaginamos un mundo en el que se valore y se cultive activamente la paz, basado en nuestros valores compartidos de dignidad y valor de cada persona, y en la igualdad de derechos de todas las personas y naciones, grandes y pequeñas, con justicia y respeto por el derecho internacional.

La paz que el mundo anhela no es solo la ausencia de guerras, ni una paz impuesta por la coacción y el dominio. No debe ser negociada por el mejor postor. La paz no está en venta. Es una paz que incluye justicia y que transforma nuestra cultura colectiva. La paz es la presencia de justicia, dignidad y prosperidad para todos los hijos de Dios.

Reafirmamos además nuestro compromiso y apoyo al multilateralismo: que los países del mundo persigan un objetivo común de justicia, paz y sostenibilidad, basado en los principios de inclusión, igualdad y cooperación. Esta es la función fundamental de las Naciones Unidas: facilitar los encuentros y el diálogo entre todas las naciones del mundo, lo cual es crucial para alcanzar la paz y la justicia. Lamentablemente, esta vía de la diplomacia, la mediación y el derecho internacional se ve socavada con demasiada frecuencia.

Si bien es oportuno renovar y reformar las estructuras y los mecanismos multilaterales internacionales de gobernanza mundial, pedimos que esto se haga con un espíritu de recreación y redescubrimiento, y no con un cinismo hastiado. Este enfoque permitirá que el multilateralismo recupere la fuerza necesaria para desempeñar su función de encuentro y mediación.

En nuestra tradición religiosa, nos encontramos en el periodo de Cuaresma y en vísperas de la Pascua, en un ciclo de reflexión que incluye el sufrimiento, el miedo y la destrucción de lo bueno. Nuestra fe cristiana nos enseña que estos momentos se pueden afrontar con valentía e integridad; el camino no es fácil, pero la renovación y la recreación son posibles.

Hacemos un llamamiento a los gobiernos nacionales, los organismos intergubernamentales regionales, las Naciones Unidas, las organizaciones internacionales y todas las partes interesadas para que inviertan en la paz, no en la guerra.

Pedimos un mayor apoyo a la ayuda humanitaria y la protección de las comunidades afectadas, así como el fortalecimiento de la construcción de la paz desde la base, reconociendo el papel fundamental que desempeñan las comunidades locales, la sociedad civil y las organizaciones religiosas en la prevención de conflictos y la reconstrucción de las sociedades.

Como iglesias, nos comprometemos a ser defensores incansables de la paz transformadora. Seguiremos orando por las víctimas de la guerra, abogando por la justicia ante los líderes políticos y sirviendo a los afectados por los conflictos a través de nuestros ministerios diaconales. Nos comprometemos a educar a nuestros miembros en la ética de la paz y a desafiar las narrativas de odio y enemistad dentro de nuestra sociedad.

Suscrito por:

Reverendo Anthony Poggo
Secretario General de la Comunión Anglicana
Reverenda Dra. Anne Burghardt
Secretaria General de la Federación Luterana Mundial
Reverendo Philip Vinod Peacock
Secretario General de la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas (CMIR)
Reverendo Dr. Reynaldo Ferreira Leão Neto
Secretario General del Consejo Metodista Mundial