¿Cómo pasamos de entonar himnos a cantar baladas pop en nuestras iglesias? ¿Qué significa eso, si es que significa algo? Nadie que asista con regularidad a una congregación evangélica en nuestro país duda de que en los cultos usualmente denominados “de adoración” han ocurrido cambios dramáticos. Unos elementos del culto han desaparecido, otros han sido reemplazados y otros más han sido modificadoshasta resultar irreconocibles. Algunos cambios se pueden explicar tal vez como intentos de actualizar las formas del culto (la liturgia) para ponerlas en mejor sintonía con los nuevos tiempos. Pero si esos cambios no se hacenconunareflexión bíblica seria y comprometida con la preservación del sentido del culto, que es tener un tiempo único, especial, para adorar a Dios en comunidad y proclamar la Palabra, los resultados pueden ser muy perjudiciales para los creyentes y el Evangelio mismo. Hay por lo menos algunos cambios, omisiones y adiciones cuyo sentido no se entiende, a no ser que s deje de lado aquel sentido histórico del culto y se lo reemplace, por ejemplo, por la preocupación de atraer público, de llenar las bancas, de tener más cultos, de lograr iglesias más exitosas y populares. ¿Qué es tener “éxito” y “popularidad” en el contexto de la fe?.
Ahora el culto en un número creciente de iglesias no es un tiempo especial, sagrado, dedicado exclusivamente a Dios, sino un programa diseñado para entretener al público, para brindarle una“experiencia” placentera y punto. Dios no está presente más que como un nombre que se pronuncia cada tanto o a cada rato, para dar la ilusión de que ocurre algo espiritual, trascendente allá delante. Pero en realidad no hay nada, salvo un evento de entretenimiento como ir al cine, a un partido de fútbol…o aun concierto. Quizás por eso se han creado y popularizado los llamados “cultos en formato deconcierto”, locual es una contradicción, pues ambos son términos que se excluyen mutuamente porque aludenacentros de gravedad totalmente diferentes y audiencias distintas, pues mientras en un culto la única audiencia posible es Dios, en un concierto la audiencia es el público asistente. ¿A quién está dirigido el culto de hoy entonces?
El culto está sufriendo en muchas iglesias un mortal desplazamiento de su centro de gravedad porque Dios ha dejado de ser el centro y ahora lo es el público al que hay que satisfacer para que sigaviniendo.¿No suena esta preocupación demasiado mundana, frívola, comercial? Comentarios de líderes y pastores a los asistentes, como: “Espero que estén disfrutando del servicio”; o de creyentes e invitados a una iglesia,como: “No me gustó la alabanza” o “Me encanta la alabanza en esa iglesia, por eso voy”, son muy comunes y revelan que el culto, en efecto, es ahora un evento para consumir y que muchos vanporquelesentretiene. Pero, ¿a qué debería ir uno a la iglesia? No hay que olvidar que en el culto a Dios hay involucradas cuestiones más fundamentales que los gustos personales. Todo lo que ocurre debería ser de gran preocupación de pastores, líderes y creyentes porque abona a una distorsión que pone a la fe cristiana como otro producto de consumo y al creyente como un“buscador” no de Dios sino de entretenimiento, de novedad, de lo “divertido”. En esto la iglesia se va pareciendo más a una empresa orientada a buscar cómo satisfacer a clientes quisquillosos antes que a una comunidad de creyentes que toman en serio su fe y se reúnen para compartir su vida y adorar juntos a Diosenunaatmósfera en la que deben mezclarse la alegría con la reverencia y un profundo sentido delosagrado,dela presencia de Dios. Como se dijo, la forma del culto (la liturgia) ha sufrido cambios drásticos en multitud de congregaciones: la Biblia apenas se lee y ciertamente la lectura antifonal de la Biblia, en la que participaban los creyentes,casi ha desaparecido; además, cada vez menos creyentes la llevan al culto. El punto central del culto, quees la proclamación de la Palabra de Dios en la predicación, ahora es más una charla motivacional en la que la Biblia ya no se expone, y si se cita, es apenas como un apéndice suplementario o para res paldar las fijaciones del orador. La plataforma, antes atrayente por su sobria sencillez, ahora está llenadeaparatos: instrumentos musicales, banderas, cables, luces de colores, pantallas gigantes, micrófonos, parlantes, podios. El elemento más visible es, por supuesto, la pantalla gigante en la que se proyectan sermones, presentaciones, anuncios, vídeos musicales, testimonios, y todo lo imaginable. La música de “alabanza y adoración” ahora son principalmente baladas estilo pop comercial de artistas evangélicos con letras, arreglos y armonías idénticas y con versos que rara vez dicen algo con contenido bíblico pero que machacan continuamente clichés de un meloso intimismo que al final no comunican nada. Enestaatmósfera, más propia de un evento masivo de entretenimiento que de un encuentro con lo sagrado, ¿seráposible celebrar a Dios, proclamar Su Palabra y adorarlo “en espíritu y en verdad” como manda la Escritura?
Difícilmente. Otra de las grandes pérdidas en el culto y la liturgia en nuestras iglesias es la pérdida o trivialización de ciertos elementos simbólicos. En términos sencillos, un símbolo es la representación de una idea, de una verdad, de una realidad palpable para quienes comparten un mismo sistema de creencias. Esa representación se hace mediante palabras, gestos o acciones que, quien las conoce y las respeta, las valora intensamente porque las entiende. Un pensador y teólogo italiano, hablando de lo simbólico en la fe cristiana, decía: “Muchas cosas no tienen, hablando en rigor, ninguna finalidad práctica; pero tienen un sentido”. Ésos son los símbolos. La liturgia del culto, por supuesto, tiene una naturaleza profundamente simbólica. Desde sus más tempranos inicios, el culto estuvo lleno de símbolos, es decir de representaciones en gestos, palabrasyacciones que para quien no cree no tienen valor ni sentido, pero que para el creyente que entiende su significado son elementos valiosos con pleno sentido, pues con ayuda de ellos vive a fondo su conexión con Dios en compañía de sus hermanos en la fe y experimenta la presencia de lo sagrado en el encuentro.
Pero en el culto y en los creyentes hay acciones que van desapareciendo a pesar de que significan mucho,como portar un ejemplar de la Biblia para poder luego usarla activamente en el culto en compañíadelacongregación y participar a viva voz en la lectura comunitaria. Alguien dirá que llevar la Biblia cargada en un teléfono inteligente o una tableta es lo mismo, que no hay que exagerar. ¿Es lo mismo?Pues no, no es lo mismo. Simbólicamente, no es lo mismo un ejemplar de la Biblia en papel, visible, palpable, queunarchivo digital intangible que se puede cargar en el mismo aparato donde uno ve vídeos de la farándula,escucha música de moda, chismea con sus amigos o mensajea trivialidades como lo que unoacabadealmorzar. ¿En dónde queda el símbolo, el ritual maravilloso de portar en las manos un objeto-símbolo de uso especial y específico que no contiene otra cosa que la Palabra de Dios?
Hay acciones que desaparecieron que significaban mucho, como el apretón de manos del pastor a la entrada al templo. Otras acciones, como juntar las manos, inclinar la cabeza, arrodillarse o estrechar la mano o el hombro del hermano que se tiene al lado afortunadamente perviven en algunas iglesias, pero quién sabe hasta cuándo. ¿Serán esos gestos, esas acciones de fraternidad cristiana reemplazadasporelvoluntario enclaustramiento en nuestros artilugios electrónicos para en lugar de abrazar al hermanomandarle un “tuit”, darle un “like” insertando por más señas un emoticón tipo “pulgares arriba” del mundo virtual, todo por “modernizar” la comunicación, la vida comunitaria, la liturgia?. Hay palabras que se han dejado atrás y que tenían un hondo contenido, como las de la olvidada doxología (¿alguien sabe lo que significa?) con que se abría el culto, o las de la escasamente recordadabendiciónsacerdotal de Números 6:24-26 con que en algunas iglesias se despedía a la congregaciónal final del culto. ¿Las reemplazaremos por alguna frase divertida de algún predicador o cantante cristiano de moda proyectada en la pantalla gigante y aderezada con aplausos pregrabados?
Todos estos elementos simbólicos en retirada, sólo por nombrar unos pocos, enriquecían el culto y la vida del creyente, alimentaban su fe y fortalecían su espíritu. Hermanos, nos estamos quedando sin símbolos importantes de la fe y únicamente con un ruidoestridenteen nuestro cerebro y en nuestro corazón. Todas las imágenes de la pantalla gigante, el eco resonante de los estribillos de las baladas y el recuerdo de algún cliché del predicador de turno no son suficientes para calmar nuestra sed de lo sagrado y de la presencia de Dios. Quizás en el afán de “matar dos pájarosdeuntiro”: adorar a Dios y tener iglesias llenas, hemos banalizado lo sagrado hasta dejarlo en pura inmanencia: “Lo que ves es lo que hay”. Hemos abaratado el culto hasta reducirlo a casi nada, y así hemos eliminado el sentido, lo bello, lo trascendente. En suma, hemos matado el misterio apasionante de la presencia de Dios en medio de la congregación reunida. Hermanos y hermanas, en el culto moderno tal cual se lleva en muchas iglesias la liturgia se ha empobrecido en extremo. Hay símbolos importantes que han desaparecido y los antiguos y nuevos que quedan o se han añadido se pelean y se anulan mutuamente. Por eso tenemos el deber de evaluar la liturgia en nuestras iglesias porque estamos borrando con el codo lo que queremos escribir conlamano,yde este modo estamos condenando a nuestras congregaciones a una hambruna perpetua de Dios. La liturgia ciertamente debe renovarse y actualizarse para responder con mayor eficacia a las nuevas realidades pero nunca al costo del sentido y esencia de la fe misma.
Para reflexionar y actuar. Estudiemos y conversemos:
1. Investiguen el significado de las palabras “culto” y “liturgia”. ¿Qué elementos tiene la liturgiaenel cultode su iglesia y cuál es su significado e importancia?
2. ¿Qué es un símbolo? ¿Cuál es su papel? ¿Qué es “lo sagrado”?
3. Piensen en símbolos presentes en la vida cotidiana conocidos para ustedes. ¿Son importantesesossímbolos? ¿Por qué?
4. Identifiquen algunos símbolos de la fe cristiana. ¿Conocen sus significados? ¿Son importantesesossímbolos en la práctica de la fe? ¿Por qué?
5. Investiguen el significado de “inmanencia” y “trascendencia”. ¿Por qué sin importantes al hablar delafe y de Dios?
6. Piensen en los símbolos (las acciones, gestos y palabras) que se incluyen en el culto ensuiglesia. ¿Cuáles símbolos deberían evaluar/recuperar/reemplazar? ¿Por qué?
7. ¿Debería haber música exclusiva para los cultos o para alabar a Dios van bien los ritmos demoda?¿Por qué?
Actuemos:
1. Formen un Grupo de Liturgia en su iglesia y tomen un curso de la historia del culto y la liturgia cristiana, ya sea presencial o por Internet, dictado por algún instituto o seminario. Recursos útiles de Internet para referencia:
- Curso de Liturgia de MINTS, del Rev. Javier Muñoz: http://www.iglesiareformada.com/Munoz_Liturgia_Curso.pdf
- Una teología práctica de liturgia cristiana, del Rev. David Gifford: http://es.slideshare.net/NoteStorm/liturgia-cristiana-versin-stpm
- La degeneración del culto desde Los Hechos hasta la Reforma, de Juan Varela: http://www.prolades.com/aphila/documents/varela-4.pdf
- El directorio para el culto público de Dios http://www.iglesiareformada.com/Directorio_de_Adoracion.doc
2. Analicen los objetivos y las acciones del Equipo de alabanza de su iglesia. ¿De qué manera enriquecen o empobrecen el culto? ¿Con qué criterios eligen la música que se canta en los cultos? Sus integrantes, ¿tienen preparación bíblica y/ musical? ¿Qué importancia le da la iglesiaal Equipode Alabanza? ¿Se busca formarlos teológica y musicalmente? ¿Hay algún pastor olíder preparadoque se encargue de cuidarlos a nivel personal?
3. Observen con detenimiento la liturgia del culto de su iglesia y elaboren un informe que contenga: elementos positivos, ambiguos y negativos y propongan cambios, si hicieran falta.
4. En oración, propónganse rediseñar la liturgia del culto de su iglesia, cuidando cada uno de sus elementos. Para eso necesitan apoyarse en lo que han aprendido en el curso de liturgia.
5. Redacten una declaración con respaldo bíblico que resuma sus convicciones sobreel espíritu y la razón de ser de un culto y una liturgia sanas en su iglesia. Difundan el documento en su iglesia y apoyen la renovación del culto y la liturgia.

